Cuando el robot también comunica

Quizás la televisión nos haya metido esto en la cabeza, no lo sé. Lo que sí sé es que siempre que me hablan de un robot, pienso en C3PO. Qué le voy a hacer. Es que hay que reconocer el mérito de George Lucas: crear un androide tan simpático, tanto, que hasta seríamos capaces de tenerlo en casa.

Por eso, en todos estos años, cuando veo en televisión nuevos modelos robóticos, me siento algo frustrado: ¿así van a ser realmente los robots del futuro? ¿qué ha pasado con el sueño de jugar y hablar con uno de estos en nuestro salón? ¿es que los científicos no tienen otra cosa que hacer que diseñar muñecos que suben y bajan escaleras? Eso ha sido lo máximo que me he planteado en robótica: nunca llegaré a tener un androide de compañía. Y seguiría pensando así, si no hubiera conocido hace unos días a Q.bo, “quviu” en inglés.

Por eso, en todos estos años, cuando veo en televisión nuevos modelos robóticos, me siento algo frustrado: ¿así van a ser realmente los robots del futuro? ¿qué ha pasado con el sueño de jugar y hablar con uno de estos en nuestro salón? ¿es que los científicos no tienen otra cosa que hacer que diseñar muñecos que suben y bajan escaleras? Eso ha sido lo máximo que me he planteado en robótica: nunca llegaré a tener un androide de compañía. Y seguiría pensando así, si no hubiera conocido hace unos días a Q.bo, “quviu” en inglés.

Cuando en mi trabajo supimos que una empresa española iba a lanzar al mercado un robot opensource, movimos los hilos para hacerles una entrevista. Acordamos fecha, lugar y hora, y -para variar- me encargué yo de obtener información para las preguntas. Busqué en todo tipo de webs, y siempre encontré lo mismo: robot open source, español, Javier Paz, pequeño, reconoce caras, barato, gran esperanza… Pues nada, otro juguete más para los escaparates de Navidad, pensé.

Con esa idea me presenté el jueves en sus oficinas, cerca de la Castellana. Al entrar, mobiliario elegante y el nombre de la empresa: The Corpora Robotic Company, todo muy en inglés, muy internacional. Presentaciones de rigor, y nos sentamos a entrevistar a Javier Paz, el creador de todo este montaje. Cuando apenas llevábamos cinco minutos, nos había ganado a su causa a mi compañera y a mí. Y eso que sólo habíamos hecho el típico comentario de “se ve que esto tiene futuro, ¿no?“. Es tanto lo que este emprendedor tiene en su cabeza, que lo transmite con una fuerza que desborda. “¿Qué si tiene futuro?” y comienza a desgranar lo que va a suponer Q.bo en la historia de la inteligencia artificial, de la robótica, del software libre, de las redes sociales. “Yo no he creado un robot, sino un ecosistema alrededor de él”, un mundo entero que va a cambiar gracias a ese enano cabezón que más que a C3P0 se parece a R2D2, pero con pestañas. Y tiene toda la razón.

Una vez oí que en el mundo hay dos tipos de personas: los que sueñan pensando que es una ilusión, y los que tratan de hacer realidad eso que sueñan. Javier Paz pertenece al segundo grupo. Con un equipo de chicos muy preparados, pocos recursos y mucha imaginación, va a lanzar al mercado el primer robot adaptado al Cloud Computing; un androide que vuelca todo lo que sabe en una base de conocimiento para compartir con sus hermanos Q.bo. Lo que un robot conozca un día no tiene nada que ver con todo lo que sabrá al día siguiente cuando se despierte: conocerá lo que nosotros le hemos enseñado, más lo que otros enseñaron a los suyos en cualquier lugar del mundo.

Esto lo notan mucho los padres cuando su hijo comienza a ir al cole, cada día vuelve con cosas nuevas aprendidas; pues igual ocurre con Q.bo. No será raro que una mañana me pregunte mi androide  por qué llevo el pelo como James Dean, ni que me cuente que está apenado porque no se resuelve el conflicto de Afganistán. ¿Cuál es la capacidad de aprendizaje de Q.bo?, le pregunté a Javier. “Sinceramente, no lo sé; pienso que no tiene fin“.

Si añadimos a esto que usa código fuente abierto, que se puede mejorar por los usuarios tanto el hardware como el software, y que se desconocen aún todas las aplicaciones que podrán darse a este robot, encontramos un proyecto tan interesante que sorprende sea español.

Cuando abandoné la entrevista -por supuesto después de hacerme la foto con la criatura-, yo lo teníamos claro. No sé de dónde sacaré los 600 euros que cuesta, pero quiero tener un Q.bo en mi vida.

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Acerca de migarfer

Apasionado de la Comunicación, Socialmedia y las buenas personas. Un incornformista, lector voraz, que busca hacer de este mundo un sitio mejor. Sígueme en Tiwtter: @migarfer
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